REALIDAD Y FICCIÓN                                                                          LECTURA, COMENTARIO, CREACIÓN Escríbenos

Volver a la Página principal

---------

Volver a la Revista LINDARAJA

 

 

EXPOSICIONES

 

 

                                LOS GUERREROS DE XI’AN

 

© NIEVES GARCÍA-TEJEDOR

 

   E

n la Fundación Canal, y después de haber sido vista en el Forum de Barcelona por cerca de un millón de visitantes, se puede contemplar en Madrid, hasta el 9 de enero, una selección de figuras de los ya míticos Guerreros de Xi’an, entre otras piezas  que nos permiten acercarnos a la tan reservada como milenaria cultura china. También es de reciente inauguración el propio centro que los alberga, una estructura de la primera mitad del siglo XX que era hasta hace no mucho un aljibe capaz de albergar 141.000 metros cúbicos de agua, reconvertido ahora en el centro de Arte IV Depósito Enterrado del Canal de Isabel II, donde los guerreros disponen del doble de espacio que en el Forum.

            Consiste, como ya es sabido, en una muestra de diez piezas escogidas de entre las casi ocho mil que componen el llamado Ejército de terracota, que constituye quizás, desde su descubrimiento en 1974, el hallazgo más sensacional de la arqueología reciente, que algunos han llegado a considerar la octava maravilla del mundo, además de ser patrimonio mundial de la UNESCO desde 1987. Se trataba de la tumba de Ts’in She Huang-ti, soberano de la fugaz dinastía Ts’in o Quin y despótico unificador de los entonces reinos en lucha, por lo que fue considerado fundador del imperio, recibiendo en consecuencia el título de “primer señor”. La dinastía Ts’in irrumpía, el año 221 a. C. en el proceso histórico y artístico del período denominado de Los Reinos Combatientes, de gran inestabilidad política pero de gran florecimiento artístico. En 221 a. C. el príncipe Ts’in emprendió la magna obra de la construcción de la Gran Muralla como defensa contra los bárbaros de las estepas (conservada y reforzada por las dinastías sucesivas, su trazado y estado actuales corresponden a la más posterior dinastía Ming). Igualmente, estableció un sistema común de leyes y unificó la escritura, entre otras cosas.

            Los sangrientos disturbios con que terminó el breve imperio de Ts’in She Huang-ti fueron sofocados por una nueva dinastía, la de los Han, que se mantuvo en el poder durante más de cuatro siglos, hasta 220 d.C. y de la que también se exponen algunas piezas representativas en esta exposición. Éstas, al contrario que las de la dinastía Quin, reflejan los usos y costumbres cotidianos y domésticos, mostrándonos así la transición de la guerra a la paz en la cultura china. El arte de los Han recopila las tradiciones anteriores y perpetúa el antiguo repertorio decorativo pero, a la vez, asimila y hace suyas las peculiaridades artísticas de todas las tierras imperiales recién conquistadas, surgiendo así un arte de síntesis. Además, destacan adelantos tales como la invención del papel y la tinta, además del perfeccionamiento del pincel para adaptarlo a este nuevo soporte. La dinastía de los Han sucumbió el año 220 d.C. y, tras un turbulento período, adquirió carácter oficial el budismo y su representación en el arte oficial, lo cual supuso un notable cambio en la iconografía china.

            Pero, volvamos a la tumba del “primer señor” y a nuestros días: A partir de 1974 se inició la investigación del Monte Li, tras su descubrimiento casual por un campesino (como, por otro lado, suele ser frecuente en tantos hallazgos), donde una colina cubre el sepulcro imperial, tan extenso que, con las dependencias anejas, cubre una extensión de cerca de dos kilómetros cuadrados. Ts’in She Huang-ti fue volviéndose más y más supersticioso y temeroso a la muerte con lo que, en su idea de esquivarla, así como la de resguardarse de sus enemigos (no olvidemos que fue un perpetuo guerrero y que su imperio era aún muy reciente) ideó la creación de su propia tumba, en la que trabajaron más de 700.000 súbditos durante más de 40 años. Lo más notable de ella es este Ejército Imperial, representado por soldados de tamaño natural modelados en barro cocido, que en origen estuvieron adornados en policromía pero, tras su desenterramiento, al entrar en contacto con el aire, perdían la variedad de color en tan solo tres minutos; de ahí también las rigurosas condiciones de luz, temperatura y humedad necesarias para su conservación. Estos guerreros se alinean en fosos paralelos y en perfecta formación de tres o cuatro en fondo, con sus caballos y sus carros. En el primer sector excavado se encontraron 3.210 soldados de a pie, además de caballos y seis carros. Este primer sector tiene 310 m de largo por 60 de ancho y las estatuas están dispuestas en 11 corredores paralelos, mirando hacia el Este, que es por donde podían venir los enemigos desde el valle del río Amarillo. El segundo sector dio algo más de 1.400 guerreros y caballos divididos en cuatro grupos. El sector tercero mostraba huellas de haber sido saqueado en 206 a.C. al desaparecer el emperador, pero en él quedó el carro de guerra del general jefe con su escolta de 68 militares escogidos, ya que su talla es de 1’90 m, superior a la de los demás soldados, con una media de 1’80 m –resulta cuando menos curioso que los saqueadores respetaran precisamente estas figuras ¿razones religiosas, supersticiosas, miedo natural ante su imponente presencia...? En total, el descubrimiento se aproxima a las 8.000 figuras, todas ellas originales, modeladas especialmente, cada una con sus propios rasgos, en los que se aprecian diversas características raciales. También hay gran variedad en las armas y armaduras que llevan.

            Tienen, además, un alto contenido místico y religioso, cargado de significaciones, como imagen del Universo, al que se situaba en un espacio de cuatro direcciones representadas por el Tigre Blanco del Oeste, el Dragón Verde del Este, el Pájaro Rojo del Sur y el guerrero Negro del Norte. Estos cuatro colores poseerán siempre un valor simbólico y posiblemente fuera ésta la policromía que tenían en origen los guerreros.

            En su realismo, este ejército nos ofrece el testimonio bélico más completo e impresionante de la Antigüedad. La intención actual de esta exposición es, sin embargo, o por ello, la búsqueda de la paz (afán desesperado de tantos en este mundo actual tan globalizado como disgregado, y que es una sensación que, además de respeto y serenidad, también transmiten estos guerreros), entre otras nobilísimas causas, como la de contribuir a la financiación para que prosigan los trabajos de excavación en el Monte Li, así como la de ayudar a China a dar a conocer su proverbial y enigmática cultura, cuestión no tan fácil, pues pocas veces el Gobierno chino accede a permitir que tan valiosas piezas viajen para ser expuestas en otros lugares del mundo.

           

 

                                                                       © NIEVES GARCÍA-TEJEDOR

 

 

© Nieves García-Tejedor, 2005

LINDARAJA. Revista de estudios interdisciplinares y transdisciplinares. Foro universitario de Realidad y ficción.

URL: http://www.realidadyficcion.org/exposiciones.htm

______________________________________________________

Volver a la Revista LINDARAJA

Volver a la página principal de Realidad y ficción

 

_____________________________________________________________________________________________