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Feliciano Sanz Ormeño: Son varias las cuestiones que sugiere el apunte de Mercedes (“Qué modelo de ser humano utilizamos para estudiar la acción y la decisión”). Me referiré a ellas esquemáticamente: a) En primer lugar está la cuestión que podríamos denominar “antropológica”. La trato como problema y no como disciplina porque quiero referirme precisamente a la añeja tarea en la que nos hemos empeñado filósofos y no filósofos de distinguir lo humano. “Distinguir” indica no sólo la tarea conceptual de señalar una diferencia cualitativa (no meramente cuantitativa) entre lo humano y lo no humano sino además, y fundamentalmente, sugerir que esa diferencia conceptual es al tiempo una diferencia valorativa, de rango ontológico, moral o las dos cosas. Esa ruptura ontológica se puede incorporar al ámbito de lo humano (dada su materialidad irrenunciable le pese a quien le pese –y el cuerpo pesa y se nos hace pesado en su fugacidad) abocándonos a un dualismo (“pertenece a la naturaleza/pertenece a la sociedad”) realmente complejo. Históricamente ha dado de sí como para agotar a cualquier bibliógrafo empecinado. Dejo la cuestión para la reflexión y adjunto un viejo artículo de Mosterín que puede ser...Sugerente. Pero creo necesario cuidar los supuestos conceptuales que ligamos a nuestros términos ordinarios: “ser humano” tiene una carga ontológica que requiere justificación; “especie humana” es una herencia decimonónica que asume una reinterpretación evolucionista y biologicista de la taxonomía de Linneo; “Humanes” me parece un atentado lingüístico de García Bacca...Lo importante es observar que no se trata de preciosismo filológico, sino de supuestos ontológicos con raíz práctica. (¿Recordáis esa escena de La Misión en la que los cazadores de esclavos ponían en duda el carácter humano de los guaranís?). b) En segundo lugar está –entrando en materia- el intento de recuperar el zoon politikon aristotélico como rasgo específico de lo humano. Habida cuenta que el zoon logon ejon ha quedado un tanto desmembrado después de Auswitz. Aquí creo que lo importante es medir la intensidad del concepto y no diluirlo en expresiones tales como “animal social” (como se suele hacer vertiendo al “viviente que tiene lenguaje” por “animal racional”). Una vez más no es excesivo celo terminológico: parece evidente que la socialidad (permitidme ese palabro) no es un distintivo de lo humano y que hay muchas otras especies sociales (incluso sociables). Podría argumentarse que nuestras estructuras sociales son mucho más complejas pero, entonces, estaríamos alegando una diferencia meramente cuantitativa-gradacional que nos llevaría a corolarios tales como que una sociedad menos avanzada es menos humana. Y no parecemos compartir ese punto. Yo creo que politikós hace referencia a la conciencia que por primera vez ilumina en el mundo griego de que las normas con las que estructuramos y organizamos nuestra existencia personal y grupal no tienen un origen trascendente (natural, divino...vociferado por el monarca-sumo sacerdote) sino que son un producto humano...Demasiado humano; y que por ello parecemos ser los únicos vivientes dueños de nosotros mismos: auto-nomos. Como evidentemente mi poder particular sobre las normas que me estructuran parece limitado puede formularse a la inversa: yo las puedo contravenir. Y cargar con las consecuencias. Así la capacidad para producir y cambiar las normas parece ser propiamente humano. Ahora la sociobiología y la etología tienen mucho que decir. Y parece importante no confundir este carácter político con esa supuesta virtud moral que denominamos “sociabilidad” y que parece ser hoy un rasgo deseable (incluso en psicología –la traducción científica del discurso moral- síntoma de salud mental al lado de la extraversión, etc. para condena de los introvertidos, insociables y otros individuos poco aprovechables en ESTE modelo social determinado que sobrevive ampliándose)... c) La tercera cuestión es la valoración de las normas, si son negativas, positivas...En función de qué lo son...Si la cuestión es la posibilidad de escogerlas (como si la libertad de elección fuese un buen criterio de Libertad)...Había preparado una reflexión sobre la forma de organización social propia de un rebaño de ovejas (fácilmente conducibles, predecibles...) y otro de cabras (la faz de lo satánico para cualquier pastor) pero esto se está alargando más de lo previsto. Puede ser una imagen para la reflexión. Sólo quisiera añadir que el HECHO de que haya normas, de su presencia efectiva (ya no éstas o aquellas normas concretas, sino su existencia como tal) no resuelve la cuestión DE DERECHO. Aunque esto puede ser demasiado kantiano. ¿Demasiado? Feliciano Ismael Suárez:
Hola,
Me ha gustado el texto de Mosterín. Es un gran defensor de los derechos de los animales. Estoy de acuerdo con él en líneas generales, aunque hay que recordar que la experimentación con animales es una gran ayuda en la investigación científica. Es un tema delicado.
De todas formas, pienso que lo más interesante de ese texto es la primera parte, cómo hemos ido dándonos cuenta de lo que somos, algo insignificante dentro del universo, un ser más, que hace unos pocos millones de años no existía, y en unos pocos millones de años no existirá. Esto no quiere decir que no tengamos valor, pero no somos el fin de la creación, ni somos superiores al resto de los seres vivos; sin negar nuestras características especiales (especialmente el lenguaje y la consciencia), lo primero que debemos pensar es que somos un animal más, un ser vivo más, y creo que esto debería ser un punto de partida en gran parte de nuestras reflexiones filosóficas.
Saludos, Ismael
Mercedes Laguna: Siguiendo los hilos de la intervención de Ismael y una referencia que hacía Feliciano en su último mensaje, os recomiendo el artículo de nuestro compañero Ismael Suárez sobre la Sociobiología. Está en Realidad y ficción:
http://www.realidadyficcion.org/sociobiologia.htm
Un juego hermenéutico sobre la luz
Mercedes Laguna:
Queridos amigos: · ¿A qué no os podéis imaginar quién es el autor del fragmento que os copio abajo? · ¿De qué texto puede estar hablando, y sobre qué filósofo estará reflexionando? · ¿A qué luz se refiere?
NOTA: Estamos en tiempo de exámenes (para alumnos y profesores). Deseo que los hados os sean favorables, y que vuestra fuerza de voluntad, así como vuestro ÁNIMO, no decaigan.
Un saludo con suerte Mercedes Laguna
[…] es la luz que ilumina. En su ámbito se manifiestan no sólo objetos sino exigencias (teóricas y morales), deseos, sentimientos, símbolos, metáforas, etc., como indicios de profundidades que apasionarían a cualquier arqueólogo. Sacar a la luz es su esencia. No es extraño que Aristóteles la divinizara, como otros pueblos al Padre Sol. Una luz que admite distintas intensidades, desde un casi aplastante Sol de mediodía propio de la determinación objetiva y científica (físico–matemática), hasta la luz de un Sol poniente, la de il pensiero debole de la metáfora, la luz dorada que pone de manifiesto el calor y el interior de las cosas (también su caducidad, o su nostalgia). Incluso la luz de la luna, que nos adentra en los sueños, en el inconsciente, en los tortuosos caminos del deseo, no es sino su reflejo nocturno. Esto hablando metafóricamente.
RESPUESTAS
Uno de vosotros ha contestado –espontáneamente- a mis preguntas. Y ha dicho, llevado por su bagaje cultural y su experiencia, lo siguiente:
“Suena a la verdad y a Heidegger. Incluso la referencia a la luna recuerda a El amigo de la casa”
Yo le he preguntado qué texto era ése de El amigo de la casa. Se trababa de una conferencia que dedicó Heidegger a un poeta alemán (Hebel), y en donde hablaba del poeta como el claro de luna, que desvía un reflejo que no tiene su origen en él. La luna, el poeta, la poesía, el lenguaje. Oigamos a Heidegger.
Os paso un fragmento de la conferencia
Las preguntas siguen en pie. No se ha resuelto el enigma. Pero aparecen otros misterios, nacidos de nuestro fondo. Es decir, el texto que yo mandé podría ser de Heidegger y podría hablar de la verdad. Lo cierto es que podría ser de cualquiera (que mire y piense un poco), porque recoge verdades comunes y experimentadas por todos.
A ver qué dicen otros.
Mercedes Laguna ::::::::::::::::::::
A otro de vosotros el fragmento de la luz le ha sugerido lo que sigue:
“Intrigante el fragmento sobre la luz que nos has dado a masticar. Yo pienso, mal que le pese a Platón (embebido en la tarea de "sacar a la luz", de hacernos parir more socrático) que Nietzsche es el filósofo de la luz, de la luz meridiana de Zaratustra (allí donde a ninguna sombra le es dado ya existir), de la luz vespertina de la decadencia, de la luz matutina de la jovialidad y de la luz lunar de su locura, luz oscura del lunático que quiso ser. La luz que nos arropa en momentos nocturnos”.
Como veis, seguimos con la fuerza de la luz y con el protagonismo de la luna. Adjunto el fragmento final del libro de Nietzsche que tenemos que trabajar para uno de los Cursos de Doctorado (Sobre la utilidad y los perjuicios de la historia para la vida). Copio aquí algunos párrafos. Fijaos como, fuera de contexto, parecen (y son) verdades eternas –Nietzsche va a criticarme duramente por estas palabras–, vamos a decir, mejor, que valen para todos –en cada tiempo, lugar, pensamiento…–). “Pero, llegados al punto final de su curación, habrán vuelto a ser seres humanos y habrán dejado de ser agregados que se parecen a los hombres. -¡Ya es algo! Todavía hay esperanza. ¿No sentís alegría en vuestros corazones, vosotros los que esperáis? Y ¿cómo llegaremos a este objetivo?, preguntaréis. El dios délfico os lanza, desde el comienzo de la peregrinación hacia esa meta, su imperativo: «Conócete a ti mismo». Es una dura sentencia, pues este dios «no oculta ni revela nada, tan solo indica», como ha dicho Heráclito . Y ¿qué es lo que indica? Los griegos aprendieron poco a poco a organizar el caos, concentrándose, de acuerdo con las enseñanzas délficas, en sí mismos, es decir, en sus verdaderas necesidades, olvidando las necesidades aparentes. Así entraron de nuevo en posesión de sí mismos” (Nietzsche)
Sobre la utilidad y los perjuicios de la historia para la vida. Fragmentos del capítulo final :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Este juego se está convirtiendo en retahílas surcadas y entretejidas de luminosidad. Cada uno saca de dentro lo que para él es la luz y la necesidad que tenemos de ella en los momentos de sombra.
Continúa el juego del pensamiento y de la vida. A ver dónde los demás encontráis la luz. Mercedes
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OTRA RESPUESTA SOBRE EL TEXTO MISTERIOSO:
“Sobre el texto de la luz, no me atrevo a aventurar el autor ni el texto, pero diría que es la luz de la razón”.
No tengo ni idea de quién es el texto. Pero cada vez que lo leo pienso en la verdad. Aunque se entretejen nuestra verdad y la verdad o las verdades de todos y cada uno en la búsqueda de una Verdad con mayúsculas.
Desde la espesura... mental un saludo en estos acelerados días. Jesús Ángel
La vida y el alma racional (con logos):
Una compañera del grupo–foro me ha enviado esta opinión sobre la pregunta que camina por las redes virtuales:
“Por las referencias culturales que hace -la ciencia, el inconsciente, la metáfora... la cita en italiano- y la concepción del conocimiento que transmite, yo diría que es de Ortega y Gasset, aunque en realidad no lo he localizado. Lo de "sacar a la luz" parece remitir a Sócrates. Lo que Aristóteles puede divinizar es quizá la vida misma, o el alma racional (con logos) del hombre”.
Esto de la intersubjetividad está dando sus frutos, ¿no os parece? Vamos a esperar a algunos más para deciros de quién es el texto (quizá eso tenga poca importancia).
Dos observaciones: 1) Si hace referencia al pensamiento débil no puede ser un texto de Ortega y Gasset. (De todos modos no creo que sea fundamentar localizar el texto. Recuerdo que hasta en las opos podía hacerse un comentario excelente sin nombrar al autor. Eso del "autor"....me escuece teóricamente...) 2) Y, hablando de teoría, aunque la razón (o el logos, que no es lo mismo que la ratio) es una candidata reconocible para la divinización...Yo soy más partidario de la theoría, del bíos theoretikós...O de la aletheia, que llevan en su nombre escrito el de dios (theos, theia). ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: Una apostilla al mensaje anterior: pensando en la aletheia tan trillada por Heidegger como des-velamiento (supongo que recogiendo el mito platónico del libro X de la República en que las almas velaban su conocimiento para recuperarlo en la memoria de la existencia -a-lethos-) y de lo divino que yo quiero ver ahí (to theion) he recordado al viejo Heráclito y el juego del escondite que tanto gusta al dios...Y nuestra condena a interpretar por eso mismo. Lástima que muchas veces la hermenéutica pierda su origen lúdico (como pretendemos recuperarlo aquí gracias a Mercedes) y se transforme en un encarnizamiento jurídico-teológico... Un saludo.
Des–velar teniendo en cuenta los velos no visibles Mercedes Laguna:
La luz de…
[…] es la luz que ilumina. En su ámbito se manifiestan no sólo objetos sino exigencias (teóricas y morales), deseos, sentimientos, símbolos, metáforas, etc., como indicios de profundidades que apasionarían a cualquier arqueólogo. Sacar a la luz es su esencia. No es extraño que Aristóteles la divinizara, como otros pueblos al Padre Sol. Una luz que admite distintas intensidades, desde un casi aplastante Sol de mediodía propio de la determinación objetiva y científica (físico–matemática), hasta la luz de un Sol poniente, la de il pensiero debole de la metáfora, la luz dorada que pone de manifiesto el calor y el interior de las cosas (también su caducidad, o su nostalgia). Incluso la luz de la luna, que nos adentra en los sueños, en el inconsciente, en los tortuosos caminos del deseo, no es sino su reflejo nocturno. Esto hablando metafóricamente.
Ha llegado el momento de des–velar; aunque, ciertamente hemos sabido velar bien las armas: cada uno se ha planteado a qué luz se podía referir el texto, y cada uno lo ha interpretado desde sus lecturas, desde sus afinidades filosóficas, desde su bagajes de todo tipo (culturales, creativos…), y, como no, desde su sensibilidad y su historia personal. El texto me gustó cuando lo leí. No era la primera vez que estaba ante mis ojos, pero lo escuché con “mirada nueva”. Pensé que si os decía de quién era y de quién hablaba, si terminaba el sintagma con su complemento, íbamos a perder en comprensión. Y me alegro. Como decía Feli en un mensaje que pensé dejar para este momento: “Que bien le sientan a la Filosofía esos puntos suspensivos que has dejado abiertos”. No sólo era importante la interpretación desde la perspectiva de cada uno por el juego hermenéutico, también, y sobre todo, por el mismo contenido del texto: porque el texto en realidad estaba hablando de la capacidad que tenemos de captar, de entender: nuestra autoconciencia originaria: “la acción mediante la cual el sujeto refiere a sí mismo lo que piensa para saber lo que piensa (aunque sea erróneo lo que este pensando)”. Es decir, el texto habla del hecho de darnos cuenta que sentimos, que pensamos, que interpretamos y re–creamos en cierta manera la realidad (a pesar de que ésta nos venga dada) y de que este acercamiento a los objetos, a las cosas, a las situaciones, a las personas, es la única manera que tenemos de acercarnos a lo que existe (o lo que ha existido o existirá) aquí o allí, o en un lugar sin lugar como el caso de la utopía o de la ficción. Por tanto, el texto, además de referirse a la autoconciencia originaria y, precisamente por eso, habla de la subjetividad, entendida ésta no desde la psicología, sino desde la ontología que es una teoría del conocimiento: somos sujetos, individuos que interpretan el mundo desde sí. El texto es de Jacinto Rivera de Rosales y está haciendo su lectura de Kant. Porque es el intérprete el que habla puede incluir la referencia al pensamiento débil, puede subrayar el papel de las oscuridades y la importancia de la metáfora para el conocimiento. Está interpretando a Kant después de investigar sobre Fichte, Schelling y los románticos, tras su análisis de Hegel; después de su lectura de Nietzsche y su estudio sobre Heidegger y Gadamer; teniendo en cuenta las lecturas propias de Vattimo, Derrida y tantos más. Oswaldo Market ha insistido en repetidas ocasiones en que la importancia de Kant reside en las puertas que abre: “la grandeza de Kant no radica en que encierre verdades encapsuladas, que contengan el secreto de todo desenvolvimiento futuro, sino en la revolución de la actitud pensante y en su explosiva carga estimuladora […], es una invitación inesquivable a la heurística en un nuevo horizonte del pensar […]. Fundamentalmente Kant no aporta una doctrina, aporta una actitud. […] Su tarea es establecer las bases metodológicas del saber humano”. En esta misma línea se ha manifestado también en muchos de sus trabajos Javier Muguerza: las preguntas que Kant plantea son decisivas, aunque sus respuestas no nos convenzan, y es decisivo volver a planteárselas. Yo diría que el cauce abierto por Kant en su intento de respuesta también es fundamental. Si yo hubiera escrito el texto completo, y hubierais leído: “la luz de la apercepción transcendental”, vuestra lectura habría sido distinta (por lo menos hubiera sido difícil que pensarais en Heidegger, en el lenguaje poético, en Nietzsche, etc., etc.); lo primero por la terminología, “dura” para nuestro oído (Kant llama a la autoconciencia originaria “apercepción transcendental”). Sin embargo, creo que todos estamos de acuerdo en que “todo conocimiento guarda necesariamente relación a un sujeto; en que buscamos la unidad objetiva, pero encontramos que el “yo pienso” o “autoconciencia” (y sus criterios transcendentales –otra palabra que asusta y confunde–) han de acompañar todas mis representaciones. Y todo esto tiene que ver de manera esencial con el tiempo y con el espacio: Kant nos enseña a entenderlos como una acción ideal, mediante la cual “el sujeto reconoce su finitud y afirma la posibilidad objetiva de lo otro”. Es apasionante, porque aparece aquí la acción sintética del conocer, la sentimiento de que somos una síntesis entre libertad y naturaleza, el reconocimiento de nuestra finitud y la posibilidad de conocer lo otro y al otro. Y, como no, la posibilidad y la tarea ineludible de la intersubjetividad. Por tanto, el texto hablaba sobre la luz de la razón, pero entendida desde una perspectiva que necesariamente la abre a diversos tipos de razón y que requiere además tener en cuenta los sentimientos y la emociones. Pero también habla de la verdad, de cómo llegamos a la verdad, de qué tipo de verdad buscamos, del papel de los símbolos y las metáforas en el proceso del conocimiento”. De tantas cosas.
La cita era El punto de partida de la metafísica transcendental. Un estudio crítico de la obra kantiana. Jacinto Rivera de Rosales. Madrid, UNED, 1993, pp 136– 137. En el fragmento el autor hablaba de la “acción ideal de un yo real”: La acción ideal de un yo real (de un yo que es también acción real libre)…“En una reflexión transcendental ya no se ve a sí misma como cosa (res) transcendente […], sino como acción transcendental, gracias a la cual se hace consciente de sí misma, es decir de que es la luz que ilumina” […].
::::::::::::::::::::::::::::: Ismael Suárez: Un bonito texto y una bonita lección filosófica, que nos ilumina en nuestras reflexiones. Muchas gracias, :::::::::::::::::::::::::::::
Feliciano Sanz: Nos has hecho ver que cuando creemos reconocer el objeto en su objetividad ya estamos constituyéndolo desde nuestra subjetividad que, lejos de ser una tabula rasa pasiva, propone o impone ya desde el comienzo las condiciones bajo las que lo dado puede ser no sólo pensado sino incluso y radicalmente dado. También nos has hecho ver que la subjetividad misma desde la que constituimos lo objetivo (la proposición que teníamos que localizar, interpretar...) está constituida, ella también, bajo ciertas condiciones biográficas, históricas, biológicas... A mi parecer el reto a pensar, después de Kant, es como esa subjetividad constituyente a priori tanto en su estructura como en su existencia misma, es constituida (a posteriori) y sólo se auto reconoce como originaria cuando se han borrado las huellas de su constitución. Este es el problema que, después de Kant se plantearon Hegel, Marx, Nietzsche, Heidegger desde distintos ámbitos. Aunque ya Herder, von Humboldt, Hamann...intentaron examinar como las categorías que Kant daba por originarias eran el resultado del aprendizaje de un conjunto de leguas indoeuropeas y que habría que plantearse si los principios que rigen esas funciones lógicas valen para...el pensamiento oriental (no hindú, claro). Otros han proyecto hoy la sospecha sobre la subjetividad misma y no sólo sobre sus estructura-estructurante trascendental. El inicio de esa reflexión está en la Fenomenología y me remitiría a las primeras líneas del trabajo que incluí en la página sobre la introducción de esta obra. Afortunadamente Kant es mucho más rico que lo que sus intérpretes (nosotros entre ellos) hemos querido ver. Además vuelvo a insistir que no hay lectura más apasionante sobre el postkantismo que la que el traductor de la Diferencia entre los Sistemas de Fichte y Schelling (Hegel), en Alianza Editorial, ha incluido en su introducción. Allí se recorre la batalla entre judíos, católicos y protestantes intentando enterrar al maestro de Könisberg. Este verano se presenta prometedor. Un saludo
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He tomado de este último libro un fragmento para enviarlo al foro; así podremos partir de una terminología común y aclararnos en el significado que tiene para la nueva pragmática y para la filosofía de la ciencia y de las nuevas tecnologías estos tres entornos E1, E2, y E3. Después, como ya ha empezado a hacer Esther, podremos ir dialogando y poniendo más “cuerpo filosófico” a estos ámbitos. Un saludo Mercedes Laguna :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
SOBRE LA IDENTIDAD EN EL TERCER ENTORNO Feliciano Sanz Ormeño
Quisiera aportar alguna observación al asunto de la "identidad en el tercer entorno" aunque soy consciente de que tendremos que batallar con un pequeño inconveniente: los distintos contextos teóricos de los que procedemos. Para ir acercando cabos (sin atarlos demasiado apresuradamente) me parece muy interesante la opción de Esther: empezar por una pequeña recapitulación particular que nos permita personalizar el planteamiento. Así pues, creo que los tres puntos expuestos en su mensaje pueden ser muy aclaradores. Yo los recibo del siguiente modo:
1.En primer lugar nos será muy necesario aclarar la cuestión de la IDENTIDAD, diferenciando sus diversos sentidos y funciones (en esto creo que la aportación -una vez más gracias a Esther- sobre la libertad y el determinismo puede ser ejemplar). Por un lado el sentido puramente formal (lógico-matemático) de identidad, por otro el físico-biológico (fisiológico?) en el que la materialidad introduce un nuevo factor inapreciable en el primer acercamiento. Más tarde (no se trata de ninguna secuencia) el sentido psicológico (identidad personal, subjetividad...) que parece "llevarse la palma" y luego el sociológico (si es que consideramos la posibilidad de que la identidad personal se constituya en el medio social de la relación)...Y podríamos plantearnos si hay un sentido propiamente filosófico o si éste consistiría meramente en la articulación crítica y sistemática (reducción, constelación...) de los otros sentidos. La producción y reproducción de la subjetividad ocupa sin duda un lugar honorífico en el cavilar filosófico. Creo que lo importante es no partir de una subjetividad dada sino abordar su proceso de constitución...
2. En segundo lugar habrá que determinar el papel fundamental que tienen la experiencia del espacio y el tiempo en la constitución de la identidad. Tan vinculados deben estar que cabe hacer distinciones paralelas y hablar de un tiempo puro-matemático, de un tiempo físico-cuantitativamente constatable pero que excede la simple medida, de un tiempo psicológico que se pliega y despliega como los relojes de Dalí (Bergson hablaba de "duración" pero no fué tan afortunado como Heidegger en su promoción al Olimpo filosófico)...Un tiempo histórico (historicidad) que nos puede interesar especialmente a los dedicados al curso de Sánchez Meca. Y lo mismo para la cuestión del espacio. Empecemos por no confundir espacio y extensión. A mí, que me interesa mucho la cuestión de las relaciones de poder inscritas en el saber y la experiencia, me llaman la atención términos oblícuos como "dominio" para referirse al ámbito en el que tiene lugar un fenómeno...
3. Finalmente, habrá que determinar de que modo las condiciones espaciotemporales del medio que hemos venido a llamar E3 posibilitan una construción particular (y reconstrucción, diversificación...) de la identidad y en que medida esa aportación puede ser novedosa en el ámbito del hilo conductor "identidad personal" en la historiografía filosófica. Naturalmente esto requeriría una elaboración de ese entorno específico en términos que pueden no ajustarse a los del concepto recibido. La relación entre ficción y virtualidad puede ser un punto de partida interesante.
Pues así es como yo lo veo. Espero que posibilite el acercamiento... Ya me diréis...
Un abrazo, Feli.
Mercedes Laguna, desde Baza, 13 de mayo:
A vueltas con la libertad. La mediación de los fines
¿Somos realmente libres o estamos, como seres finitos, determinados por la trama del mundo? Pienso, siguiendo a Kant en la Crítica del Juicio, que hay dos formas de enfrentarse a esta pregunta, la primera sería la propia de la ciencia, desde Galileo, la segunda la propia de la filosofía. Si nos aproximamos a las cosas para comprenderlas como objetos, estableciendo entre ellas una relación causal, estamos haciendo ciencia; buscamos, porque ciertamente es necesario, una explicación mecanicista de los productos de la naturaleza. Pero absolutizar |