| Volver a Realidad y ficción |
Foro de Realidad y
ficción
|
|
|
Ver también: |
Algunos mensajes del Foro que dirige el profesor J. Francisco Álvarez en el Curso "Nuevos modelos de racionalidad. Racionalidad acotada y valores", UNED 2004-2005
Ismael Suárez, desde Oviedo; 25 de abril:
Estimados amigos:
Para ver si nos animamos un poco en el foro, quiero plantearos una pregunta muy “simple”:
Si la razón es completamente instrumental, como, por ejemplo, indica H. A. Simon en “Naturaleza y límites de la razón humana” (pp. 16 y 135), si sólo puede proporcionarnos los medios, pero no los fines, ¿quién o qué define éstos?
Un cordial saludo Ismael ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Juan Carlos Vila, 25 de abril:
Pues sí que es "simple" tu pregunta!!! Corta sí, pero simple... Lo que sí está claro es que puede ser crucial a la hora de situar el punto de partida desde el que comenzamos a debatir.
Voy a ser breve, para poder motivar debate, lanzando algunas interrogantes que se desprenderían de tu pregunta. ¿Será posible que animemos este foro?
¿Qué modelo de racionalidad tenemos? Depende de lo que comprendamos por Razón. Una razón meramente instrumental es del todo mecanicista; no contempla los fines más que dentro de un esquema causal. Una razón dialógica sería indudablemente instrumental, pero tendría en cuenta los fines; el interés personal está moderado por el interés común, y hace de nuestra razón un "tool kit"... un paquete de herramientas.
¿Cómo entendemos lo racional? ¿Como lo adecuado a los medios, o como lo que se adecua a los fines? El propio Simon reconoce que nuestros destinos están ligados entre sí y con el de nuestro medioambiente; nosotros no podemos ser medios, sólo fines.
¿Podemos tomar como criterio de racionalidad la adecuación a la persona como fin último y utilizar para ello los instrumentos de los que estamos dotados? Si así lo hacemos deberemos ir adecuando el instrumental a los cambios en los fines.
Aquí podríamos entrar en la relación entre lo real y lo racional.... para el que quiera entrar.
Bueno, a seguir....
Juan Carlos Vila
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: Mercedes Laguna, desde Baza, 26 de abril:
Pensando en la pregunta de Ismael y en una posible respuesta, he leído un párrafo de Kaufmann sobre Hegel. La Lógica de Hegel es un fundamentalmente un “análisis de las categorías” (los supuestos previos con los que pensamos): “Con Hegel, la metafísica deja de ser una especulación acerca de la naturaleza de la realidad última; con Hegel, el análisis de las categorías sustituye a la metafísica especulativa, de modo que proporciona a la metafísica el nuevo sentido y contenido. Dos pasajes del prólogo de la segunda edición iluminan la prioridad de una lógica concebida de tal modo: “Las formas del pensar se articulan y consignan en el lenguaje del hombre… el lenguaje ha penetrado en todo lo que se le ha vuelto algo interior, una noción, en todo cuanto él convierte en cosa suya; y lo que él hace lenguaje y expresa éste contiene (velada, mezclada o elaborada) una categoría…” “Se me han opuesto adversarios de este tipo, que no querrían hacer la sencilla reflexión de que sus ocurrencias y objeciones contienen categorías que constituyen supuestos previos y que, antes de ser empleadas, requieren ellas mismas una crítica. La inconsciencia al respecto… constituye la mal inteligencia fundamental, el pésimo –esto es, inculto– comportamiento consistente en que, cuando se considera una categoría, se piensa en otra cosa, y no en ella misma…” (Kaufmann, Hegel, Alianza, p. 191) Si podemos considerar una categoría “la definición de fines”, “el quién o qué establece los fines”, “qué los proporciona”, también habremos de pensar y analizar por qué utilizamos ese tipo de categoría, qué tienen que ver los fines con el individuo humano o con los grupos y subgrupos de individuos más o menos organizados. ¿Por qué, sencillamente, no podemos (¿?) desprendernos de los fines? Espero que sigamos conversando. Un saludo Mercedes Laguna
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
José Andrés Álvaro Berzal, 29 de abril:
Hola a todos : Es la primera vez que escribo en el foro, la verdad es que esta pregunta creo que es de las que merece la pena, o lo que es lo mismo que activala razón filosófica.
Solo citaré la primera frase de la metafísica de Aristóteles " El hombre tiene por su propia naturaleza el deseo de conocer" ¿ no creéis que es de esta misma naturaleza de donde surgen los fines? ¿ y que primero conocemos y después deseamos? y aquí entra la voluntad.
Yo creo que sí, y a partir de aquí los fines “se evalúan” a través de la razón moral de cada uno y se “ autorizan” para que trabaje la razón instrumental a través de los medios.
En apoyo de esto creo que se puede tener en cuenta que si el hombre está dotado de razón, lo que cambia en la racionalizad como orientada a fines, son los criterios que establecen los valores, y estos criterios son establecidos como las categorías kantianas mediante la moral como “categoría del conocimiento”.
Pero creo que se puede hacer otra pregunta: ¿ No son los fines metapreferencias? O sea ¿ no están constituidos estos fines por lo que nos gustaría que nos gustase en lugar de por lo que simplemente nos gusta?
Saludos a todos José A. Álvaro ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Ismael Suárez, 4 de mayo:
Hola,
Me parecen muy interesantes los comentarios que van surgiendo sobre el tema. Además, podemos observar en ellos muy diferentes orientaciones de la investigación filosófica.
Uno de los problemas fundamentales que se plantea con la pregunta es el de la distinción entre racionalidad axiológica (tradicionalmente asociada a la evaluación de los fines) e instrumental (tradicionalmente asociada a la evaluación de los medios). ¿Es posible esta distinción? ¿Hay una racionalidad aplicable a los medios y otra aplicable a los fines? Yo no lo veo claro. Si bien podemos considerar múltiples aspectos de la noción de racionalidad en cuanto a su análisis filosófico, la razón humana es la misma y única herramienta para la evaluación de medios y fines, y pienso que esa razón se aplica de la misma manera tanto a la discusión “instrumental” como a la “axiológica”.
Un cordial saludo, Ismael
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Mercedes Laguna, 5 de mayo:
Palabras y conceptos
Me gustaría repensar las palabras y los conceptos que hemos utilizado en los últimos mensajes en torno a la pregunta sobre la evaluación de los fines y la evaluación de los medios. Me da la impresión de que hemos ido mezclando dos usos distintos del término “fin” o “fines” (porque el mismo lenguaje y su empleo en la tradición nos conduce a ello). Evidentemente no es lo mismo hablar de la racionalidad en términos metafísicos u ontológicos (aunque sea desde posturas posmodernas), que hacerlo desde la perspectiva de la ciencia. Y en esa medida es distinta la referencia que implica la palabra “fin”. La racionalidad a la que nos aboca este curso del profesor Álvarez investiga el tipo de racionalidad propio de la ciencia, pero, desde el principio, presenta su objetivo: “dar cuenta de la acción humana”. Se trata de una reflexión filosófica que pretende iluminar los métodos utilizados en la ciencia. Sin embargo, como una consecuencia, esta reflexión sobre la ciencia y su tipo de racionalidad específica, puede ayudarnos a iluminar el concepto de racionalidad que se ha venido utilizando en la especulación filosófica y el que esgrimen –cada una como el más adecuado– las distintas corrientes filosóficas. La dicotomía entre la racionalidad instrumental y la racionalidad de los fines nos ofreció un buen motivo para emplear el pensamiento filosófico, y con él las valoraciones éticas, en una crítica a la ciencia y a su desarrollo descontrolado; también, al mismo tiempo, en fuerte crítica a la sociedad. Era el tiempo de la utopía de la escuela de Frankfurt, sobre todo con Max Horkheimer. Ahora, plantearse y pensar la importancia de los valores, de los funcionamientos, de las capacidades, para lograr una libertad efectiva, puede ser un buen punto de partida para elaborar una crítica de la misma reflexión filosófica. En el contexto de este curso, “la racionalidad de los fines” se dice, entonces, “de varias maneras”, especialmente, y generalizando, en dos sentidos: Por un lado, dentro de la llamada “racionalidad optimizadora” utilizada por la economía en su “corriente clásica o estándar”, los “fines” son sinónimo de “los intereses”. Dice J. Francisco Álvarez en su presentación del curso: “La racionalidad se predica de las conductas adecuadas para conseguir los fines propuestos en el marco de ciertas condiciones y restricciones. Los modelos clásicos de racionalidad resultan muy exigentes y no logran dar cuenta de la acción humana”. Por otro lado, se sigue acudiendo al término “fin” o “fines” como inmerso en esa racionalidad de los fines que se opone a la instrumental: “los trabajos de Boudon avanzan hacia una racionalidad cognitiva de mayor envergadura que aquella simple dicotomía tradicional entre la racionalidad instrumental y la racionalidad de fines”. (Álvarez, 2002). Opino que ésta no es una dicotomía que se pueda cerrar como ya superada. Sin embargo, “una perspectiva complementarista entre los componentes morales de la acción y los componentes estratégicos” (Álvarez, 2001), posee la capacidad de ofrecer claves para reinterpretar la metafísica, y con ella la ontología, de estos tiempos posmodernos. También, por supuesto, la vida social y unos modelos más adecuados de sujeto agente. (En lugar de dicotonomía, tendríamos que hablar de binomio, más bien "tejido". Cada vez vamos teniendo más claro en qué consiste esta "racionalidad entretejida" y la potencia de su concepto).
Un saludo Mercedes Laguna
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Rosa Nidya Tuay Sigua, desde Bogotá, en Colombia; 7 de mayo:
Un saludo compañeros:
Una buena oportunidad para comenzar la participación en el foro, respecto a la proposición de SIMON: “la racionalidad es completamente instrumental” vale la pena indagar por las frases que le siguen, “No puede indicarnos a dónde ir; en el mejor de los casos nos puede indicar cómo llegar”, por que esto nos lleva a pensar sobre la distinción que se hace entre racionalidad de los fines (fines últimos) y racionalidad de los medios (medios para otros fines). Se encuentra que la racionalidad de los fines tiene carácter pragmático, esto es la razón puede ayudarnos a la elección de estos indicándonos si son alcanzables o no, compatibles entre sí, si tiene consecuencias no deseadas, pero después de que hemos logrado esto, donde queda la determinación racional?, Qué pasaría con la libertad? Pues alcanzados los fines últimos qué podríamos elegir? Así como lo expresa Comesaña “La elección de fines irracionales sólo podría deberse, como en la ética intelectualista de Sócrates, a error ó ignorancia. Junto con la posibilidad de pecado desaparece la libertad. A lo mejor esto es en definitiva deseable,- seguiríamos más felices sin libertad ni pecados-, pero no es obvio que realmente lo sea”.
La racionalidad de los medios, referida a la justificación de las creencias que sirven de base a la adopción de medios, estos se pueden abordar desde un criterio empirista, dejando de lado la justificación a piori, y esto nos llevaría a la eficacia como criterio de evaluación, como lo expresa Habermas “ la racionalidad instrumental de una acción se mide por la eficacia en la planificación de medios para los fines dados”, retomado por Álvarez, J, cuando hace referencia al modelo estándar utilizado en ciencia económica“ los agentes se consideran racionales si y solamente sus referencias se pueden representar mediante funciones de utilidad ordinal y sus elecciones maximizan su utilidad”. Qué consecuencias ha traído esta concepción de racionalidad? Mansilla expresa al respecto “ las exhaustivas incursiones de la razón meramente instrumental en la praxis cotidiana del hombre y la expansión de mecanismos burocráticos en las relaciones sociales han llevado al empobrecimiento de las de las estructuras de comunicación inter-humanas y el aumento de los fenómenos clásicos de alineación”.
Frente a todo esto, aceptaremos la propuesta del profesor Álvarez “Al ampliar nuestra noción de racionalidad quizá podamos captar mejor la peculiaridad de múltiples actividades humanas que precisan de una discusión racional sobre algunos fines y valores que podemos compartir”. Así que ánimo y continuemos con la discusión, para que lleguemos a dilucidar que concepto de racionalidad tenemos.
Un saludo Nidya
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Clara Inés Chaparro Susa, desde Bogotá, en Colombia; 9 de mayo:
Hola compañeros, este tema me parece muy interesante, y para seguir con la conversación planteada por ustedes me referiré particularmente a la pregunta de Carlos Vila ¿qué modelo de racionalidad tenemos? Creo que podemos iniciar recogiendo las ideas de B.Barnes en Sobre Ciencia “el concepto paradigmático de racionalidadad está vinculado al concepto de omportamiento individual independiente. La racionalidad de una persona no es otra cosa que su capacidad de razonamiento: se manifiesta en la planeación y la predicción, en la determinación de la línea de conducta más eficaz, en la elección de los medios más adecuados para obtener unos fines determinados.”, p. 123. Por otra parte, en relación con los procesos racionales en los ámbitos sociales, es claro que no es correcto afirmar, que por lo que respecta a sus intereses individuales, el mejor procedimiento es actuar sobre la base de un cálculo racional de esos intereses. Ejemplo de ello se ilustra en el dilema de los prisioneros (ver H. Simon. Naturaleza y límites de la razón humana, p108) En este sentido, y para seguir dilucidando el modelo de racionalidad desde el que cada uno de nosotros habla, podemos tratar de explicitar las diferencias y, en algunos de los casos, divergencias de las distintas concepciones de racionalidad; por ejemplo, la racionalidad instrumental y la racionalidad expresiva, racionalidad de medios y racionalidad de fines; racionalidad cognitiva (J.F Avarez El tejido de la racionalidad acotada y expresiva). Desde mi perspectiva, creo que es pertinente hablar de racionalidad en campos particulares, como por ejemplo la racionalidad científica y desde ese lugar hablar sobre el o los modelos de dicha racionalidad; retomando a León Oliver en Racionalidad epistémica: “para muchos filósofos la racionalidad es esencialmente un concepto metodológico que se aplica en los casos en los que los seres humanos tienen que tomar decisiones o hacer elecciones; para otros, el concepto de racionalidad también se aplica cuando se hacen elecciones de fines y de metas e incluso de normas y valores”. Estos modelos de racionalidad, ampliamente analizados, sirven de base para el planteamiento, desde una perspectiva sintética, de lo que el propio J.F. Alvarez llama modelo complementarista, que considero muy interesante, pues a partir de este modelo, se puede trabajar la superación de lo que tradicionalmente es tomado como dicotomía, es decir, la razón práctica y la razón teórica y, por lo tanto, entre una racionalidad práctica y una racionalidad teórica o epistémica, esta última vista como la capacidad de los seres humanos que los guía para construir conocimiento sobre el mundo. En este último sentido podemos iniciar una pequeña reflexión sobre la relación, entre lo real y lo racional, (a la que nos invita a conversar Carlos Villa). Considero que la capacidad para elaborar conocimientos acerca del mundo de la experiencia (racionalidad epistémica) con lo que implica dicha racionalidad, es decir tener creencias, lenguajes, hacer inferencias, etc., es la fuente de construcción de lo que denominamos realidad, la cual no tiene una existencia independiente de quien la construye. Este planteamiento deja pendiente una serie de preguntas acerca del significado de la realidad y del significado del conocimiento: ¿El conocimiento es conocimiento de qué? Saludos Clara
Mercedes Laguna, desde Baza; día 15 de marzo: Estimados compañeros: El último número de la Revista “Endoxa”, el 18, está dedicado a Kant (el 2004 se celebraba el segundo centenario de su muerte. Entre otros artículos interesantes, hay uno del profesor Álvarez y la profesora Ana Rosa Pérez Ransanz (de la UNAM): “De Kant a Khun, acotando por Putnam”. Los autores presentan algunos datos de la influencia de la epistemología kantiana en el modelo de progreso científico de Khun, especialmente el tipo de realismo que está implícito en este modelo. De paso, relacionan el “realismo interno” propuesto por Khun en 1981 como un tipo de realismo kantiano. Al final, subrayan algunas ventajas que esta perspectiva kantiana ofrece en la manera de construir unas nociones más adecuadas de objetividad y de racionalidad. Os paso algunos fragmentos de este artículo con el fin de que nos ayuden a pensar y nos animen al comentario: J. Francisco Álvarez y Ana Rosa Pérez Ransanz, “De Kant a Khun, acotando por Putnam”: Al intentar precisar una noción de objeto en general, Kant afirma: “Los fenómenos son los únicos objetos que se nos pueden dar inmediatamente y lo que en ellos hace referencia inmediata al objeto se llama intuición. Pero tales fenómenos no son cosas en sí mismas, sino meras representaciones que, a su vez, poseen su propio objeto, un objeto que ya no puede ser intuido por nosotros y que, consiguientemente, puede llamarse no–empírico, es decir, trascendental= X. El concepto puro de este objeto trascendental (que, de hecho, es idéntico en todos nuestros conocimientos, =X) es lo que pone en relación nuestros conceptos empíricos con un objeto, es lo que les puede suministrar realidad objetiva (KrV, A, 108–109). En esta cita encontramos dos nociones de objeto: por un lado, la noción de objeto empírico o fenómeno, el cual es el resultado de aplicar la síntesis de las categorías a lo dado en la intuición sensible, y donde tanto la determinación de las propiedades como la realidad del objeto son puestas por la constitución subjetiva, y en consecuencia no son independientes del marco conceptual (marco que en el sistema kantiano es único, pues éste no daba cabida a formas alternativas de constituir la realidad). Por otro lado, encontramos la noción de objeto transcendental= X, de un algo indeterminado, general, del que no sabemos ni podemos saber nada ya que no es un fenómeno sino el sustrato de todo fenómeno, pero el cual, sin embargo, no podemos dejar de suponer. En esta segunda noción de objeto se refleja, a nuestro juicio, el peculiar realismo kantiano. Notemos que es una exigencia de la razón el postular un objeto trascendental, exigencia que obedece –de acuerdo con algunos pasajes de Kant– a la necesidad de que el conocimiento no dé vueltas sobre sí mismo y tenga algún amarre en una realidad independiente: “La razón de que no nos baste el sustrato de la sensibilidad y de que añadamos a los fenómenos unos noúmenos que sólo el entendimiento puede pensar, se basa en lo siguiente. La sensibilidad y su campo –el de los fenómenos– se hallan, a su vez, limitados por el entendimiento, de forma que no se refieren a las cosas en sí mismas, sino sólo al modo según el cual, debido a nuestra constitución subjetiva, las cosas se nos manifiestan. Tal ha sido el resultado de toda las estética trascendental, resultado que se desprende del concepto de fenómeno en general, a saber, que tiene que corresponder al fenómeno algo que no sea en sí mismo fenómeno. La razón se halla en que éste no puede ser nada por sí mismo, fuera de nuestro modo de representación. Consiguientemente, si no queremos permanecer en un círculo constante, la palabra fenómeno hará referencia a algo cuya representación inmediata es sensible, pero que en sí mismo (… ) tiene que ser algo, es decir un objeto independiente de la sensibilidad” (KrV, A, 251–252). Aquí se hace transparente la necesidad conceptual de postular una condición ontológica para evitar que el conocimiento sea un mero juego de representaciones. Por esta vía, entonces, se llega al concepto de una realidad independiente del conocimiento, y, por lo tanto, externa, a través de un argumento de tipo trascendental. Habría dos nociones de realidad en Kant y, paralelamente, dos nociones de existencia: 1) La realidad y la existencia como categorías, es decir, como predicados generales que condicionan el fenómeno u objeto empírico, a partir de lo dado en la intuición sensible (y en este sentido, aquello que es real o existente lo sería sólo para nosotros); 2) Y la realidad incondicionada de ese algo cuya existencia nos vemos obligados a postular para que nuestro conocimiento no sea tan sólo una ficción de conjunto. …… Realismo interno de Putnam Putnam rechaza el realismo metafísico por las mismas razones que Kant rechazara el realismo trascendental. Kant: “El realista trascendental interpreta los fenómenos externos (en caso de que se admita su realidad) como cosas en sí mismas, que existen independientemente de nosotros y de nuestra sensibilidad, y que por lo tanto están fuera de nosotros” (KrV, A, 369). Putnam: comienza por rechazar el supuesto externalista básico que consiste en concebir la realidad como una totalidad de objetos que existen con total independencia de nuestro conocimiento (mente, lenguaje, representaciones o esquemas conceptuales). Y la razón que aduce, en breve, es que: “Los ‘objetos’ no existen independientemente de los esquemas conceptuales” (Putnam, 1981, 52). Esta afirmación genera un mar de confusiones cuando no se tiene en cuenta que Putnam está utilizando la noción kantiana de objeto empírico, junto con el sentido de existencia que la acompaña, el de existencia condicionada, que es de hecho el único tipo de existencia involucrado en nuestro conocimiento empírico, sea ordinario o científico. En la perspectiva internalista, entonces, los esquemas conceptuales no serían meros intermediarios entre los sujetos y unos objetos que preexisten a todo saber, como sucede en el externalismo; los esquemas son más bien una pieza clave, indispensable en la constitución misma de los objetos. Los objetos son, por tanto, productos de un proceso de constitución conceptual, proceso que opera desde el nivel mismo de la percepción sensorial. Ahora bien, a la noción kantiana de objeto, el Putnam historicista le agrega la tesis de la relatividad conceptual, tesis que se podría formular brevemente como afirmando que ningún concepto –ni siquiera las categorías más básicas– tiene una interpretación única y absoluta. De aquí que la identificación de conceptos que conlleva la atribución de existencia, sea en parte producto de nuestros sistemas de conceptos. Esto ocurre así en todos los ámbitos ontológicos, desde los objetos del sentido común hasta las entidades y procesos de la física teórica… Así entendida, la tesis de la relatividad conceptual trae consigo un pluralismo ontológico, pues abre la posibilidad de tener concepciones del mundo con ontologías distintas –incluso incompatibles– que resulten igualmente adecuadas en ciertos contextos, en función de determinados intereses y objetivos… De aquí que la pregunta sobre qué es lo que en el mundo, requiera de la especificación del esquema conceptual, lenguaje o teoría, donde se plantea e intenta responder. p. 511 En defensa de la racionalidad acotada Un agente epistémico que se considere capaz de acceder al mundo en sí (un realista externalista), no tendría en cuenta ninguna de las constricciones de tiempo, información y capacidades computacionales que, inevitablemente, tenemos los agentes humanos. Ese agente ideal, caso de existir, tendríamos que hacerlo residir en el Olimpo. Frente a esos agentes olímpicos parece razonable plantear como modelo ideal un sujeto situado en el mundo e interrelacionado con otros agentes, que sortea sus propias limitaciones temporales, informativas y computacionales en su interacción con el mundo y con otros agentes. La expresión de su autonomía se da precisamente en esa capacidad de interacción y de utilizar reglas de decisión rápidas, poco “costosas” desde el punto de vista informativo, que se corresponden con sus teorías y con la forma en que esas teorías permiten el acceso al conocimiento. Este otro tipo de agente epistémico se conecta muy bien con la idea de racionalidad acotada de H. Simon, quien utilizaba la metáfora de la tijera para señalar nuestras limitaciones internas, computacionales, y las que vienen dadas por el entorno –otra vez podríamos decir que “la mente y el mundo hacen conjuntamente a la mente y el mundo”. En una de las hojas de la tijera de Simon se sitúan las limitaciones cognitivas de los seres humanos, mientras que en la otra se encuentra la estructura del entorno: la racionalidad cognitiva y la racionalidad ecológica, como en la actualidad las llama G. Gigerenzer. Aunque lo importante en este respecto es que las mentes con tiempo, conocimiento y demás recursos limitados pueden, a pesar de todo, tener éxito a la hora de explotar la estructura de sus entornos (Selten, 2001: 39). Incrementar la complejidad de una tarea no necesariamente implica incrementar de manera correspondiente la complejidad de los individuos. A veces una mayor comprensión del entorno puede ayudar a resolver la tarea. Un sistema de relaciones determinado permite a veces la adopción de un mecanismo rápido y sencillo, el cual produce mejores resultados que los que supone la racionalidad óptima que se presenta con un alto grado de complejidad computacional. Algunos movimientos hacia una mayor comprensión de la génesis misma de esas reglas en la interacción con el mundo, pueden ser considerados parte de la clave de nuestra epistemología de agentes acotados. Aceptar que razonemos en un proceso de constante interacción con el mundo es el aspecto central compartido entre los defensores de la acción situada y los de la cognición distribuida. … (En el ámbito de la psicología) hay quienes han caracterizado la peculiaridad de la capacidad cognitiva humana como una especial capacidad de comunicación e integración de los diversos tipos de habilidades. Cabe considerar en serio la hipótesis de que el principal logro cognitivo, definitorio del conocimiento humano, sea precisamente el pensamiento integrado. Desde esta posición, la caracterización de la acción racional, como peculiar de los humanos, requiere salirse del modelo estándar que establece disociativamente la estructura formal del conocimiento como su elemento más característico. Por ello defendemos una teoría sintética de la racionalidad como herramienta conceptual mínima y necesaria para acercarnos al estudio de la ciencia… El modelo estándar no logra representar idealmente uno de los principales rasgos de la acción humana, esa capacidad integrativa, la capacidad de equilibrio reflexivo, que conjuga elementos situacionales, emocionales y lógicos. (Ver trabajos de A. Damasio) El cambio más considerable en esta línea consiste en considerar que este proceso de integración no se da en el vacío sino que es el resultado de una interacción con el mundo, interacción que viene a ser el principio fundamental de lo que se conoce como actividad situada y cognición distribuida. Una cierta visión caricaturizada de los modelos cognitivos tradicionales nos muestra la cognición como la construcción de modelos internos del mundo, en el cerebro de los individuos, quienes a partir de ahí planifican sus acciones. La cognición distribuida plantea que la cognición viene a ser una propiedad emergente de la interacción entre grupos de personas y su entorno. Alan Dix: “Imagnation and Rationality” (2003): algunos modelos tradicionales de cognición también trataban de modelar este modo interactivo de pensar.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: Juan Carlos Vila, desde Olivenza (Badajoz); día 18 de marzo:
Estimados compañeros:
Siempre he considerado la base conceptual de la Estética Trascendental de Kant como algo difícil de superar. Antes no se había hecho nada similar, y después hemos dado bastantes tumbos. Pero ahora empiezan a preocupar nuevamente los temas relativos a la realidad, y fundamentalmente a aclarar con qué tipo de realidad estamos trabajando y qué concepto de mundo, espacio y tiempo.
Todo ello es muy importante para esclarecer nuestro modelo de racionalidad. Y ahí es donde la racionalidad acotada juega un papel importante desde mi punto de vista. Hoy mismo participaba en un foro de Filosofía para niños, al respecto de un texto sobre el papel del inventor, y me permito copiaros lo que decía:
“Quien crea, lo hace desde cualquier ámbito de la creatividad, y esto incluye tanto a la ciencia como al arte, y de modo menor a otros ámbitos. El inventor, es un artesano que ha puesto su creatividad al servicio de la técnica. Crea nuevas herramientas que responden a su ingenio y creatividad, así como a su buen hacer las cosas. Planteémonos el primer hábilis que le encontró utilidad a una piedra cortante, o al fuego. El inventor da utilidad como descubridor, a las herramientas que crea, convirtiendo un pedazo de roca en un cuchillo; pero también recoge y adapta los elementos que encuentra en la realidad, para combinarlos en nuevos usos. Tiene una capacidad creadora que le hace comprender lo que se puede sin tenerlo aún delante materialmente.
El científico, no crea necesariamente nada, sino que es capaz de explicar y analizar un acontecimiento, abriendo nuevas posibilidades para los inventores. El artista, inventa, crea nuevas combinaciones de imágenes, colores, formas, ideas o acontecimientos imaginados, que obtienen una genuina y novedosa forma de presentar lo real ante nosotros.
Pero recordemos que hay millones de genios escondidos de los que nunca sabremos; conocemos a Bach o a Beethoven, pero porque pertenecen a nuestra cultura… y porque han perdurado en el tiempo. Músicos de renombre en sus épocas, o están olvidados, y viceversa. Al igual que muchos inventores quedan en el anonimato, como sus inventos.
Lo que es indudable, es que quien crea aporta su sello personal, y nada de lo que hoy conocemos sería igual si hubiera sido otro el que lo creara.”
Me he permitido resaltar lo que me parece más pertinente en esta ocasión. La realidad (o lo real) no está limitado a lo tangible, sino también al ámbito de lo inmaterial, de la imaginación, de los sueños. Aquí el papel del concepto de mundo es muy importante. Nuestra visión del mundo, nuestro propio universo de valores que dan “valor” a ese mundo, que lo modelan en proyecciones de futuro, lo recrean con la información del pasado, y que mediante la interacción personal y sencillos mecanismos consigue adaptarse continuamente al presente, dando respuesta rápida a los hechos y a nuestras emociones. En definitiva, es cualitativamente más básica nuestra relación con las demás personas y con nosotros mismos, que los procesos racionales; no es definitorio el ser sapiens, sino el ser amans.
Juan Carlos Vila
Alex Hortal, desde Boone, Carolina del Norte (USA); día 24 de marzo: Estimados Contertulios, La complejidad del asunto filosófico (o para hablar con propiedad: ontológico) del noúmeno es de tal magnitud que dedicaríamos libros para poder abarcarla. Intentaré, en unas pocas palabras, expresar mi postura al respecto. El noúmeno, la realidad exterior al sujeto que a través de los sentidos experimenta fenómenos determinados, no hace falta postularla, como Kant afirma, para no ir dando tumbos de un lado a otro y tener un anclaje a la realidad. La instauración trascendental del noúmeno surge de una concepción metafísica del sujeto gnoseológico y del objeto real (noúmeno) basada en la existencia independiente de los mismos. El noúmeno (la realidad) es una construcción INCESANTE por parte del sujeto operatorio que en cuya instauración se convierte en sujeto gnoseológico. La realidad, de este modo, es una construcción que una vez instaurada, elimina al sujeto de su estructura en un incesante análisis y síntesis de partes, fenómenos, experiencias, etc. Es la salida y entrada permanente de la caverna de Platón: el esclavo ha de salir, pero tiene que volver para explicar lo que ocurre. La historia no acaba aquí, el esclavo ha de tener que salir y volver a entrar permanentemente, y esta salda y entrada de la caverna no es sino la construcción y reconstrucción de los fenómenos que tras el análisis (no solo intersubjetivo, sino también demostrativo, causal, etc.) y síntesis continua quedan instaurados como realidad “exterior” (nunca eterna pero si ausente de toda subjetividad, habiendo segregado al sujeto de su estructura esencial y siempre en un proceso dialéctico). No podemos hablar de una realidad pre-existente al sujeto. La realidad tiene dos momentos, a saber: genético y estructural. Es en el momento genético donde el sujeto, a través de sus experiencias fenoménicas va construyendo y destruyendo sensaciones. El momento estructural es aquel donde la realidad queda instaurada independiente al sujeto observador (por ejemplo). Desde este punto de vista, fenómeno y noúmeno son dos momentos de la realidad existente, dos estadios complementarios e inseparables de la construcción / reificación de la realidad como independiente al sujeto. Trato de eliminar así con el concepto de Construcción otro tipo de ideas que pueden llevar a equívocos: así me refiero al concepto de creación, creatividad... "El científico, no crea necesariamente nada, sino que es capaz de explicar y analizar un acontecimiento, abriendo nuevas posibilidades para los inventores." (Juan Carlos) Así pues, el científico no crea, pero construye. Construye teorías que serán cribadas (y cerradas a su vez) en el propio campo científico. Construcción-destrucción; análisis/síntesis, en escolástica regressus/progressus son los momentos, los caminos, de la realidad (también científica). El científico, así pues, construye o re-construye teorías, "crea" palabras que definen nuevas realidades, especies, galaxias, acontecimientos... El tema de la creatividad es también bastante complejo y tiene que ver con estructuras culturales determinadas (objetivas) que pueden llegar a darse incluso al margen del sujeto, llegando a crear un ficción ilusoria que nos puede llevar a equívocos (el propio concepto de creatividad tiene un lastre metafísico importante que habría que dejar atrás) como así lo tiene ese "Ámbito de la creatividad" del que habla Juan Carlos. Nuestro universo de valores (que son objetivos tanto como subjetivos -conceptos inseparables-) es también, de este modo, realidad material. El problema surge cuando tenemos o utilizamos un concepto pre-critico de lo que es material e inmaterial. Sólo cuando tenemos una concepción metafísica de lo que es inmaterial, es cuando aparecen estas ideas pre-criticas sobre la inmaterialidad de la realidad. Todo es materia y queda representada en diferentes géneros (pero ese es otro tema). Alex Hortal.
Juan Carlos Vila, desde Olivenza (Badajoz); día 28 de marzo:
Hola Alex... nos podrías clarificar lo que entiendes por pre-crítico?
Por otro lado, parece estar claro que mi postura no es materialista, al menos en el sentido más "reduccionista" o puramente materialista, que planteas tú. O a lo mejor el que reduce la materia a la res extensa soy yo.... ahí habría que entrar a desbrozar un poco.
Lo que venía a querer decir, y por ello introducía el concepto de acontecimiento, es que realidad es todo aquello que tiene lugar en el tiempo. Es una afirmación arriesgada, lo sé, pero creo que lo irreal, como la nada, no son. Y el que podamos imaginar cer |