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REALIDAD Y FICCIÓN
LECTURA, COMENTARIO, CREACIÓN |
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FORO de realidad y ficción. Día 21 de marzo de 2004
Determinismo y libertadVeo con agrado que seguís incluyendo a Kant en vuestras reflexiones sobre el determinismo y la libertad, un tema filosófico por excelencia, pues no sólo tiene implicaciones éticas y políticas, sino también ontológica, o sea, en relación a cómo estamos pensando el o los modos de ser. Beatriz distingue, a mi modo de ver con acierto, las leyes naturales de las leyes morales. Ellas indican dos lógicas o modos de ser diferentes. En las primeras no cabe la libertad, sino que determina inexorablemente la objetividad, mientras que las segundas expresan obligaciones que pueden ser desoídas. También estoy de acuerdo con Beatriz que la moral no tiene que fundarse en la religión. El ensayo kantiano es justamente el contrario. Kant pensaba que fundar las leyes morales en un Dios que las ordena, y condenara a suplicios a los infractores, conduciría más bien a una moral heterónoma, o sea, a ninguna moral, sino a las leyes de la prudencia, del temor y de la ganancia; nos convertiría en “mercaderes”. Hemos de ser morales porque ese es el único modo de ser libres, porque es el logos o lógica de la libertad. Yo eso, sin embargo, no lo veo tan abstracto como Beatriz, o mejor dicho, es a la vez abstracto y bien concreto. Es abstracto, porque estamos reflexionando sólo sobre un elemento (por muy importante que sea) de la complejidad que nos constituye. Pero es un elemento real: todos, en cuanto seres racionales, estamos llamados (imperativo) a comprender y realizar nuestro ser originario, nuestra libertad, y eso siempre (categóricamente). Esa libertad es, para Kant, lo más real de nuestro modo de ser, lo en sí o nouménico, según él se expresa. Ahí no cabría una teoría de juegos. Quiero decir que la teoría de juegos es propia de otro tipo de racionalidad, que Kant llamaría la pragmática, la de la prudencia. Habría diversos tipos de racionalidad que nos abren otros tantos ámbitos de realidad: la razón teórica, la práctica o moral y la pragmática. Y no es que la prudencia fuera inmoral, pero no es el fundamento de la misma, ya que no somos morales para alcanzar más objetos (dinero, prestigio, adhesión...), sino para ser o no ser propiamente libres. Esa sería la fundamentación racional y no religiosa (de religión positiva o histórica) de la moral. Esa moral, Mercedes, estaría basada, como bien dices, en la conciencia racional y en que somos seres reales y libres, o sea, en la acción, en nuestro ser como acción que parte de sí. Y aunque a primera vista parece antropocéntrica, Kant se encarga de matizar que sería una moral válida no sólo para los hombres, sino para todo ser racional (él piensa en Dios, tú puedes pensar en habitantes de otros planetas). Eso quiere decir que su fundamento no se encuentra propiamente en la condición empírica de que somos un tipo de animales concretos pertenecientes a los antropoides, que han logrado dominar la tierra y, por eso, se piensan con derechos a ello. Se trata de fundar la moral en el modo de ser. Kant distinguía dos: las cosas tienen precio, las personas dignidad. Y esa dignidad se basa en que son seres racionales y por eso libres. Podríamos discutir si también los animales, sobre todo los superiores, poseen cierto tipo o nivel de racionalidad, siguiendo el hilo del “como sí” que Kant lanzara en la segunda parte de la “Crítica del Juicio”. Y en relación al determinismo, ese es el tema sobre el que gira la tercera de las antinomias de la “Crítica de la razón pura”. Yo diría que la realidad nos presenta diversas caras, dependiendo de cómo la queramos considerar. La ciencia se plantea metodológicamente estudiar la naturaleza desde un utillaje o categorías deterministas (si bien esto sería revisable en la mecánica cuántica), y por eso todo lo que ve está bajo ese prisma. Pero no es la única manera en la que nos las habemos con la realidad. También está la moral, o la estética, por ejemplo, que también alcanza sus realidades. La hipótesis del total determinismo sería para Kant un dogmatismo, pues afirma más de lo que sabe; quiere ser científica, y en realidad va más allá de la experiencia, y por eso se convierte en metafísica. Bueno, no quisiera extenderme más. Sólo animaros a que sigáis por el camino de la comunicación. Platón nos enseñó que la filosofía es diálogo, tal vez porque a los filósofos les cuesta mucho dialogar. No a vosotros, por lo que veo. (Jacinto de Rivera Rosales) El profesor Jacinto Rivera de Rosales responde a las intervenciones de Beatriz Ciria y Mercedes Laguna que habían intervenido en el apartado de Determinismo y libertad. Agradecemos al profesor Rivera de Rosales su colaboración, las palabras que tan amablemente nos ha enviado para venir a dialogar con nosotros. Esperamos vuestros comentarios. Mensajes ___________________________________________________________________ El profesor Rivera de Rosales, autor de importantes estudios filosóficos sobre Kant, Fichte, Schelling y Hegel, sobre el Idealismo alemán y el Romanticismo..., publicó en 1998 un libro sobre el teatro de Calderón de la Barca, en donde reflexiona y profundiza sobre el tema de la libertad y el determinismo en el teatro barroco de Calderón; en especial analiza la obra de La vida es sueño. En nuestra página hemos recogido un extracto de esta publicación.
Sueño y realidad. La ontología poética de Calderón de la Barca
Jacinto Rivera de Rosales Ed. Hildesheim, Olms, 1998 "El Siglo de Oro ofrece abundante material a la reflexión filosófica. Calderón sobresale cuando nos acercamos a su teatro. Nos preguntamos por el ser, hacemos una investigación ontológica, mas al hilo de una dramatización, de una conciencia o presentación ciertamente reflexiva, pero que se sitúa sobre todo a nivel simbólico, plástico, con otros intereses, con otra lógica, con otra coherencia. Nos proporciona un nivel de comprensión más espontánea y cercana a nuestras situaciones concretas, logrando por ello conservar sus múltiples significados o lecturas mejor que el simple concepto. Lo que Calderón se cuestiona es el ser de los entes. Éstos, para la escolástica y no sólo para ella, se dividen en tres grandes regiones: mundo, alma y Dios. De cada una nos habremos de plantear la cuestión acerca de su modo de ser, y preguntarnos por la densidad o futilidad de su realidad. No es lo mismo la realidad de una piedra que la del hombre. Para Calderón, el ascenso a la verdadera realidad se realiza mediante el desengaño. En su obra encontramos la dramatización metódica de un desengaño acerca de la substantividad del mundo, la cual se fundamenta sobre todo en lo imaginario. Esto nos conduce a descubrir la realidad, incluso trascendente según él y toda su tradición, de nuestras acciones y la necesidad de obrar bien, pues nuestra libertad es lo único que nos conecta con el ser eterno".
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