| REALIDAD Y FICCIÓN LECTURA, COMENTARIO, CREACIÓN Escríbenos | ||
|
---------
|
Teatro
Hoy: El Diario de Adán y Eva. La obra que enamora a España ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
El zoo de cristal
NIEVES GARCÍA-TEJEDOR En el Centro Cultural de la Villa de Madrid se representa, hasta el próximo 29 de mayo, El zoo de cristal, de Tennessee Williams (uno de los mejores dramaturgos norteamericanos, el mejor del Sur de los Estados Unidos); en una versión traducida por León Mirlas. Thomas Lanier Williams (Columbus, Mississippi, 1911- Nueva York, 1983) resulta familiar al espectador debido a las adaptaciones para el cine de muchas de sus obras (Un tranvía llamado deseo, La gata sobre el tejado de zinc...), en las que transfiere a la escena, con un gusto entre realista y simbólico, la violenta problemática sexual y social, representando las neurosis y frustraciones de seres débiles, marginados por la sociedad, ya sea realmente o por la íntima sensación de los personajes. Este es el motivo, resuelto en tonos crepusculares, de su primer drama importante, éste que ahora nos ocupa: El zoo de cristal (The Glass Menagerie) y que en muchas de sus obras posteriores se repite con mayor intensidad y violencia si cabe. ‘The Glass Menagerie’ tuvo un notable éxito en su estreno en 1944 en Chicago e igualmente un año después en Broadway, ganando el premio del New York Drama Critics’ Circle de esa temporada. Es una pieza con indudables notas autobiográficas, tanto de sus días en Saint Louis como de su pasado familiar en Mississippi: en 1931 empezó a trabajar en una empresa de calzado, al igual que el protagonista Tom Wingfield (el mismo nombre propio del autor, antes de cambiarlo en 1939 por el de Tennessee –el del Estado donde nació su padre– y las mismas iniciales T. W.); fue educado en una familia de corte tradicional y religioso (representada aquí por la dominante figura de su madre, conservadora dama del Sur de los rancios valores); tenía una hermana menor, física y psicológicamente frágil, Rose (Laura en la obra; el nombre responde a su vez a la inicial del segundo nombre de pila de Williams: Lanier) a la que quería profundamente... De personalidad vulnerable y delicada, el propio Williams luchó toda su vida contra la depresión, ante la que temía sucumbir, como le sucediera a su hermana –algunos biógrafos lo atribuyen a su condición homosexual, precisamente en una época de mayor hostilidad contra ello en los Estados Unidos y el mundo en general–. Quizás por todo ello no sea El zoo de cristal la única de sus obras con tintes autobiográficos: Blanche Dubois en Un tranvía llamado deseo, tan frágil y depresiva como su hermana; Brick, en La gata sobre el tejado de zinc, y su insinuada homosexualidad... Pero vayamos a la versión que en Madrid dirige Agustín Alezzo, uno de los grandes del teatro argentino, gracias a una iniciativa de la actriz y maestra de actores Cristina Rota y de su hija María Botto. Hacía ya más de veinte años que Cristina Rota estaba apartada de los escenarios, dedicada a su notable labor como maestra en la compañía que lleva su nombre, y también hacía tiempo (aunque menos, cuatro años) que Luis Tosar no trabajaba en teatro, dedicado como ha estado a los notables papeles que ha representado para algunas de las mejores películas españolas de los últimos años (La flaqueza del bolchevique, Los lunes al sol...). La obra, que transcurre en el periodo de preguerra (II Mundial) en los Estados Unidos, se torna de plena actualidad (lo que la convierte sin duda en un clásico), al reflejar una situación de crisis, conflictos de valores e inestabilidad... como ahora, y no sólo en EE.UU. –un tiempo “iluminado por un relámpago”, como cita el propio Williams en voz de su narrador, Tom–. Es una época (aquella y ésta) en la que se tambalea y desaparece todo vestigio de vida amable, cuya nostalgia representa la madre, Amanda (Cristina Rota, muy expresiva), obsesionada hasta la terquedad y el delirio que asfixian a sus propios hijos en conservar los usos y costumbres de un mundo si no desaparecido, sí en franca decadencia. Frente a la necesidad de huir y aspirar a una vida nueva de Tom, Laura (una dulce, muy sentida María Botto) se refugia en su timidez patológica y en la intimidad de su colección de figuras de cristal. Son las dos posturas antagónicas de un mismo deseo: evadirse de un mundo que les oprime, el mundo irreal en que vive Amanda, que aun así se empeña en perpetuar en la figura de sus hijos, especialmente en la frágil Laura. Es una situación ante la que muchos jóvenes (entonces y ahora) se sienten acorralados, como Laura, por la presión de convenciones obsoletas ante las que no tienen fuerza para oponerse, por lo que se refugian en su propio mundo de cristal; mientras que otros muchos sienten la misma asfixia que Tom (personaje de hondas aspiraciones y sentimientos excelentemente canalizados por Luis Tosar, actor concienciado y concienzudo, si se me permite), desempeñando un trabajo monótono y alienante, bajo el que se niega a sucumbir, aspirando a una vida más libre y aventurera, más realizada, en otros ámbitos que no sean los valores heredados de un pasado irreal que el personaje de Amanda se empeña en perpetuar ni los de la obligación de someterse a una rutina no contestataria de un trabajo mediocre. Mientras que Laura sólo pretende ocultarse del mundo (que no suceda nada que desequilibre su mundo de cristal), y Tom ansía salir de ese mundo para descubrir ese otro que le espera fuera, para Amanda el acontecimiento esperado es la llegada de Jim O’Connor, posible pretendiente para su hija (si lo recuerdan, Kirk Douglas en la película de Irving Harper, 1950), excelentemente interpretado por Juan Carlos Vellido, quien se desenvuelve de maravilla en su papel, dándole una gran credibilidad a la frescura, optimismo y cierta falta de realismo del esperado personaje de Jim. Para Juan Carlos Vellido, actor cordial, comprometido y ecléctico (cine, teatro, televisión... como tantos actores jóvenes en la actualidad, con tanto que hacer y que decir; al igual que la propia María Botto) es un papel de gran proyección, al que se entrega al cien por cien y por el que, desde aquí, le deseamos reciba todas las oportunidades y el reconocimiento que merece. Es quizás el compromiso con la realidad que les rodea la característica común a los cuatro actores, así como a su director, Agustín Alezzo; de otra forma quizás no habría sido posible reflejar la increíble actualidad y trascendencia de la obra. Si a todo ello añadimos una muy elegante y eficaz puesta en escena, a la que contribuyen un precioso decorado y una iluminación (a cargo de Felipe Ramos) sugerente, evocadora del ambiente crepuscular de la obra y sus personajes, tenemos como resultado una brillante representación de una obra esencial del teatro del siglo XX que, desde luego, no hay que perderse.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
HOY: EL DIARIO DE ADÁN Y EVA
La obra que enamora a España
NIEVES GARCÍA-TEJEDOR
Desde el pasado 14 de febrero (¡qué fecha más apropiada!) han regresado a Madrid (esta vez al teatro reina Victoria), después de una exitosa gira por varios escenarios españoles, Hoy: El Diario de Adán y Eva, libre versión de la obra de Mark Twain a cargo del director Manuel González Gil. De la mano de sus dos únicos protagonistas, Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza (marido y mujer en la “vida real”), el espectador asiste al diálogo dulce, entrañable y sugerente entre Dalmacio y Vicenta, evocando la figura de Eloísa y recreando a su vez la deliciosa obra de Mark Twain. Para ello, la obra se estructura en dos tiempos, pasado y presente, gracias al inteligente recurso del director de intercalar la reposición de la última obra radiofónica que compartieron Dalmacio y Eloísa, mediante una sencilla puesta en escena. Hoy: El diario de Adán y Eva se estrenó hace casi una década en Buenos Aires y desde entonces ha recorrido muy diversos escenarios, cosechando siempre un notable éxito de público y de crítica. Miguel Ángel Solá (¡qué actor!) era más conocido en España como actor de cine (Plenilunio, El alquimista impaciente...), y consiguió cumplir un viejo sueño: estrenar en un teatro madrileño la obra con la que había cosechado un gran éxito en Argentina, llegando a recibir (entre otros) un merecidísimo premio Max en 2003. Y es que en la piel, más que en el mero papel, del entrañable Dalmacio enternece y conmueve al espectador evocando los dulces momentos que pasó junto a su venerada Eloísa, con una naturalidad, locuacidad y sinceridad tan desbordantes como admirables, haciéndonos reír, pensar, emocionarnos... con los sentimientos que nacen de lo cotidiano, pero también de lo verdadero que reside en el alma. Para ello cuenta, claro, con la excelente capacidad dramática de Blanca Oteyza como Eloísa, dándole cuerpo y personalidad a la figura que tras tantos años permanece intacta en la memoria y el corazón de Dalmacio. La elección de la deliciosa obra de Twain El diario da Adán y Eva como ilustración de un modelo de trabajo para los protagonistas es, para nosotros, una pieza clave y muy clara, del mensaje (si éste existe) de la obra: el amor y la relación de pareja desde el principio de los tiempos... y siempre. Todos y todo en la obra, pero más que nada Solá-Dalmacio, nos hacen ver que amar sinceramente (sin preguntarnos ni exigir ser correspondidos: amar sin más) y después evocar el amor, nos hace profundamente felices. Y así salimos del teatro, con la emoción recorriendo nuestras fibras sensibles y la felicidad en el alma.
_____________________________________________________________________________________________
|
|