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Valores y ética en el tercer entorno

Javier Echeverría y J. Francisco Álvarez

UNED, Madrid, 2000

Libro de apoyo para un máster en Nuevas Tecnologías

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Nuevas metáforas

Telépolis y el tercer entorno

 

Otras metáforas que nos parecen importantes son las de tercer entorno y Telépolis (Javier Echeverría -1993). Telépolis es la ciudad a distancia que viene a ser el correspondiente a la sociedad civil en el tercer entorno. Llamaremos Telépolis (la ciudad global, la ciudad a distancia) al conjunto de formas de interacción social que se han ido desarrollando en el tercer entorno durante las décadas finales del siglo XX, y diremos que tanto el tercer entorno como Telépolis tienden a expandirse por todo el planeta. Contrariamente a lo que suele decirse, este nuevo entorno ciudadano no se limita a ser una futura sociedad de la información.

Estamos ante una transformación de mayor entidad, basada en un nuevo espacio de interacción entre los seres humanos, en el que surgen nuevas formas y se modifican muchas de las formas sociales anteriores. E3 (el tercer entorno) está modificando profundamente la vida social, tanto en los ámbitos públicos como en los privados: incide sobre la producción, el trabajo, el comercio, el dinero, la escritura, la identidad personal, la noción de territorio y la memoria, y también sobre la política, la ciencia, la información y las comunicaciones.

 

Los tres entornos y sus propiedades

 La importancia filosófica de algunas tecnologías de la información y telecomunicación proviene de que afectan a propiedades universales de los seres humanos. Ese análisis filosófico previo puede ayudar a comprender muchos de los profundos cambios que las nuevas tecnologías telemáticas y digitales están suscitando en el mundo actual.

En el fondo, la tesis central, que se argumenta con detalle en Los señores del aire, consiste en mostrar que algunas tecnologías modernas (las telecomunicaciones, la informática, etc.) permiten generar un tercer entorno (E3) con propiedades topológicas, métricas, físicas y sociales distintas a las de E1. Veremos también que esta transformación del espacio social ya está anticipada por algunas formas técnicas del segundo entorno (E2).

La tendencia a transformar el entorno, incluido el propio cuerpo, es una de las componentes constitutivas del ser humano. Por eso, además del primer entorno, se fueron generando diversas modalidades de entorno urbano (E2). Y por el mismo impulso se está generando en estas décadas de finales de siglo un tercer entorno (E3), al que, a falta de mejores calificativos, denominaremos entorno telemático, o entorno electrónico, o entorno digital. No hablaremos, en cambio, de entorno virtual, porque el tercer entorno es una realidad social, o tiende a serlo cada vez más.

Precisamente porque un ser humano siempre vive en un medio total o parcialmente artificializado, sus necesidades no sólo quedan definidas por su tendencia a adaptarse a ese medio, sino también por su impulso a transformarlo, con el fin de que el entorno satisfaga una serie de valores que definen y concretan esa noción de bienestar en cada circunstancia concreta. El hombre no sólo modifica el medio natural para adaptarlo a sus necesidades, sino que también transforma los medios artificializados, plasmando en ellos nuevos deseos que, en algunos casos, llegarán a convertirse en necesidades. No sólo la naturaleza y la necesidad están mediatizadas por la artificialidad: también los deseos y las intenciones se van cargando de artificialidad. Así es como podemos explicarnos que en las sociedades desarrolladas se generen continuamente nuevas formas de objetivación del deseo (lo superfluo), algunas de las cuales pueden convertirse en auténticas necesidades para muchas personas, y en particular para las organizaciones y entidades colectivas.

El segundo entorno (E2) ya no es natural, sino cultural y social, y puede ser denominado entorno urbano. Sus formas canónicas son los pueblos y las ciudades

en las que viven la mayoría de los seres humanos. En esos espacios urbanos se han desarrollado diversas formas sociales, como la vestimenta, la familia, la persona, el individuo, el mercado, el taller, la empresa, la industria, el dinero, los bancos, las escuelas, la escritura, la ciencia, las máquinas, el derecho, la ciudad, la nación, el estado, las iglesias, etc.), instituyéndose diversas formas de poder (religioso, militar, político, económico, etc.), que no se trata de analizar aquí.

El desarrollo del segundo entorno no implica la desaparición del primero, pero sí su modificación, a veces muy profunda. Diversos conflictos y tensiones se suscitan entre las formas sociales provinientes del primer y del segundo entorno, surgiendo continuamente formas mixtas que intentan integrar y resolver esas tensiones y conflictos. De hecho algunas de las formas sociales que hemos considerado como características de E2 ya existían en E1 (por ejemplo la familia), pero no como formas específicas, sino subordinadas a otras formas sociales, como el clan o la tribu. La sociedad industrial, con sus grandes ciudades, metrópolis y megalópolis es la forma más desarrollada del segundo entorno. En una gran urbe, en efecto, se integran una gran pluralidad de formas humanas, que apenas si llegan a despuntar en un pueblo, en una aldea o en una casa perdida en la montaña. Así como el primer entorno se caracteriza por su capacidad para integrar una multitud de formas de vida animal y vegetal, el segundo entorno se distingue por su aptitud para el despliegue y la expansión de diversas formas humanas. Tanto los escenarios de E1 como los de E2 admiten grados de complejidad. En general, podemos considerar que esos escenarios están más desarrollados si la diversidad y pluralidad de formas que integran es mayor. Otro tanto diremos de las formas humanas del tercer entorno, aplicando el principio general de valoración formal enunciado en Telépolis: "Una forma humana es preferible a otra cuando es capaz de integrar mayor pluralidad de diferencias".

¿Qué sucede con la forma canónica del primer entorno, el cuerpo, cuando está ubicado en el segundo entorno? Mírense ustedes en un espejo y tendrán una respuesta a esta pregunta. En los actuales escenarios de E2 es fácil que un cuerpo esté vestido, lavado, arreglado, médicamente controlado, y varias fotografías de su cara estarán insertas en diversos documentos y archivos, identificándolo con un nombre propio y una serie de datos personales.

Independientemente de las diferencias culturales y de las opciones personales, siempre podemos distinguir entre el cuerpo natural de E1 y ese mismo cuerpo en E2. En este segundo entorno el cuerpo está recubierto por una sobrenaturaleza (la ropa, los zapatos, el sombrero, los tatuajes, el maquillaje, los pendientes, las gafas, la dentadura postiza, etc.), que ha sido producida gracias a la técnica y a la industria, que son formas de producción del segundo entorno. Sobre ese cuerpo gravitan una serie de formas humanas que lo convierten en persona: su nombre propio, su lugar de nacimiento y residencia, la lengua que habla, la casa donde habita, etc. Ese recubrimiento artificial, social y personal del cuerpo está influido por una pluralidad de códigos sociales que determinan otras tantas imágenes canónicas del cuerpo, en función de las diversas culturas y épocas históricas. El segundo entorno actúa sobre la frontera del cuerpo natural, recubriéndolo y marcándolo con símbolos culturales y sociales, pero también incide sobre el interior (la mente, el cerebro) induciendo mecanismos de intelección y de expresión tan poderosos como las lenguas, las costumbres, la música, los números y los signos en general. A pesar de ello, E2 se manifiesta ante todo en el mundo exterior, por medio de las diversas construcciones que conforman las ciudades y los pueblos. Para no alargarnos, diremos que el mono desnudo es un cuerpo en E1, mientras que Adán y Eva expulsados del Paraíso ya están (potencialmente) en E2. No en vano su hijo Caín fundó la primera ciudad de la que queda una referencia histórica. Y diremos también que la distinción entre el cuerpo de E1 y de E2 es universal, sin perjuicio de que las representaciones de ambos varíen enormemente en función de las personas, las regiones y las épocas.

Dicho esto, demos ahora un paso más, marcando distancias con las tesis evolucionistas de las que partimos. Salvo excepciones, y pensando en el mundo contemporáneo, cabe afirmar que los procesos de adaptación al segundo entorno ocupan mucho más tiempo y requieren más esfuerzo que los de integración en el primer entorno, en buena medida porque la sociedad y la familia ya han previsto buena parte de las dificultades que puede tener un recién nacido para sobrevivir en E1. Sobrevivir en E2 plantea grandes dificultades para cada individuo, y no digamos alcanzar un cierto nivel de bienestar. Para lograrlo hay que desarrollar gran cantidad de técnicas y habilidades, que ya no son de E1, sino de E2.

Pongamos a Robinson Crusoe (o a Godzila) en Nueva York y tendremos una buena ilustración de las múltiples dificultades que tiene un cuerpo natural para adaptarse al segundo entorno. E2 incluye muchas formas de sobrenaturaleza, por decirlo en los términos de Ortega.

A pesar de sus grandes diferencias, el primer y el segundo entorno tienen entre sí algunos rasgos y propiedades comunes. Aquí destacaremos aquellas que sirven para distinguir al tercer entorno de los otros dos, centrándonos exclusivamente en las propiedades que son relevantes desde la perspectiva de la interacción entre los seres humanos, conforme a nuestro enfoque. Matizando las tesis de otros autores que se han ocupado de temas similares (aunque no utilicen la denominación de 'tercer entorno'), diremos de antemano que, de las veinte propiedades que vamos a resaltar, las más importantes son topológicas (recintos con interior, frontera y exterior) y métricas (dependencia de la vecindad y proximidad, tanto espacial como temporal). Las primeras permiten la proliferación de formas espaciales del tipo 'recintos', 'comarcas', 'territorios', 'países', etc., en cuyo marco tienen cabida y desarrollo otras muchas formas humanas. Las segundas posibilitan una serie de formas de interrelación (por ejemplo perceptivas,

y en general corporales) basadas en la corta distancia espacial y temporal entre los agentes. Salvo algunas excepciones, que también señalaremos, las interrelaciones entre los seres humanos, y entre ellos y su entorno, están basadas en la vecindad y en la cercanía. De hecho, el propio término 'entorno' conlleva esta significación. Por entorno entendemos aquello que está alrededor de nuestro cuerpo, de nuestra vista, o, en general, de las diversas implementaciones que se hayan creado para expandir nuestro entorno inmediato. En este sentido, diremos que las teletecnologías posibilitan la construcción de un tercer entorno estructuralmente distinto a E1 y E2.

Pongamos un ejemplo típico de interacción corporal en el primer y segundo entorno: la pelea, y en general la pugna violenta entre personas. De la lucha cuerpo a cuerpo, basada en el contacto físico (primer entorno), se ha pasado poco a poco a la lucha a distancia, aumentando por medio de las armas el alcance de las acciones de ataque o defensa. Tirar piedras implica aumentar el radio de acción violenta en E1, pero la espada, la honda, la lanza, el arco, la catapulta, la pistola, el arcabuz, el cañón y el misil son muestras más ilustrativas de la tesis que defendemos: el ser humano ha intentado actuar violentamente incrementando cada vez más la distancia entre él y su objetivo. Y lo que se ha dicho de las acciones bélicas en referencia al espacio, puede decirse de las bellas artes en relación al espacio y al tiempo: algunas técnicas del segundo entorno, como la escritura, la imprenta, la prensa, el grabado, la pintura, la escultura o la arquitectura, han abierto posibilidades de acción cultural que trascienden las fronteras de la contemporaneidad o de la época en que cada cual vive. Habiendo surgido en el segundo entorno, estas formas sociales son precedentes del tercer entorno, en el que, por otra parte, están hallando una nueva expresión (escritura, libro, arte o periodismo electrónico). El segundo entorno está profundamente imbricado en el primero, aunque difiera de él. E2 es artificial, pero se construye con materiales procedentes de la naturaleza y conforme a las propiedades de dichos recursos naturales. Por eso, la obtención, acumulación y control de las materias primas han tenido una importancia económica fundamental a lo largo de la historia. La madera, la piedra, el hierro, el ladrillo, el cristal, el cemento, el metal y el acero han sido los materiales que, manufacturados conforme a diversas técnicas, han posibilitado la construcción de casas, pueblos y ciudades, que son la modalidad de sobrenaturaleza más determinante de la vida cotidiana de los seres humanos. La materia la proporciona el primer entorno. La forma, los artesanos, los oficios, los arquitectos, los urbanistas y los ingenieros de caminos, canales y puertos. El segundo entorno es una mixtura de naturaleza y artificio, a diferencia del tercero, cuyo nivel de artificialidad es mucho mayor, desligándose casi por completo de su origen natural. Los relés, los transistores, los chips y la fibra óptica son "materiales" básicos para la construcción de E3. Difícilmente pueden ser considerados como materias primas. En todo caso serían formas primas, a partir de las cuales se construyen otras formas más complejas. Ello no equivale a decir, sin embargo, que el tercer entorno es inmaterial. Como recalcaremos a lo largo de esta primera parte, las propiedades diferenciales de E3 con respecto a E2 y E1 son graduales, por mucho que tendamos a considerarlas como diferencias cualitativas. Ni la distinción entre los tres entornos ni las veinte propiedades que vamos a usar para discernirlos tratan de proponer una compartimentación estanca.

Los límites entre E1 y E2 y los interfaces entre E3 y los otros dos entornos son porosos, difusos. Aun así, esas distinciones nos parecen pertinentes y clarificadoras. Por eso son la base teórica desde la que se elabora esta propuesta de análisis de las nuevas tecnologías.

La expansión del segundo entorno por todo el planeta compendia la historia humana, a diferencia de la prehistoria, caracterizada por el largo proceso de adaptación del ser humano a la naturaleza. Desde este punto de vista, la emergencia del tercer entorno supone una gran inflexión, porque no sólo modifica la categoría de espacio, sino también la de tiempo. Además, la materialidad propia de los dos primeros entornos pierde relevancia en el tercer entorno, como muchos teóricos de la información han afirmado. El funcionamiento del tercer entorno es informacional, más que material. Pero eso no basta para definirlo. Aparte de sus características físicas y matemáticas, el tercer entorno tiene una serie de especificidades en tanto espacio social, y no sólo como espacio físico o matemático. En lugar de distinguir E3 de E1 y E2 por su carácter informacional, electrónico, digital o global, como muchos autores hacen, aquí subrayaremos su estructura espacio-temporal, que depende ante todo de sus propiedades métricas y topológicas, pero también de algunas propiedades físicas y sociales muy generales. Al afirmar que las teletecnologías posibilitan la construcción de un nuevo espacio social, que difiere del entorno urbano y del entorno natural, se plantea un problema inmediato: ¿es posible que ese entorno tecnológico llegue a ser un espacio adecuado, e incluso satisfactorio para el ser humano? Se trata de investigar cómo es posible humanizar el tercer entorno, del mismo modo que el ser humano ha intentado humanizar, con mayor o menor éxito, los otros dos. Todo esto destaca la enorme importancia que tiene el avanzar en el análisis de los valores y la ética en el tercer entorno.

Javier Echeverría y J. Francisco Álvarez

 

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